Abr
3
2013

Vacacionando por Jarabacoa ( si te intersa te recomiendo que lo leas)

Mi amigo y compadre William Galván me invitó a pasar los días de Semana Santa en su casa de montaña en Jarabacoa y sin dudarlo acepté la invitación, con la sola condición de que partiría hacia allá en autobús el jueves, no el martes como lo haría él con su esposa, la Dra. Remedios.   Convencí a mi hijo Víctor David de que me acompañara y el jueves a las 9 A.M. tomamos un taxi hacia Caribe Tour, pues nos informaron que la salida del segundo autobús era a las 10:00 A.M. Al llegar allí aquello era un pandemonio, filas enormes dirigidas hacia las ventanillas en que se vendían los boletos. Lo primero que nos informaron es que los boletos del autobús que salía a las 10:00 A.M. ya se habían vendido todos, pero nos dieron la esperanza de que si la fila que se formaba era suficiente para llenar un autobús, se destinaría otro autobús en un viaje extra. De otro modo, tendríamos que esperar hasta la 1:30 P.M. que era la hora de salida del siguiente autobús. Así las cosas, decidimos permanecer haciendo fila.   Un rato más tarde, el número de personas haciendo fila era más que suficiente para llenar un autobús, de modo que aprobaron el viaje extra y nos vendieron los boletos. Algunos no alcanzaron boletos y tuvieron que seguir haciendo fila, pero ahora sí, para el viaje siguiente, tres horas después.   El autobús salió de la terminal a las 10:45 y comenzó el camino hacia Jarabacoa. El calor era tan espantoso como el que se había sentido durante los últimos días. Con este parámetro, yo solo tomé sendos pares de playeras y camisas de mangas cortas, un pantalón corto y el largo que llevaba puesto, además de la ropa de dormir, ropa interior y demás aditamentos. Mi hijo Víctor David se equipó con una provisión similar.   A partir de Bonao, tras una hora de viaje comenzó a caer una lluvia tenue, pero constante, que alargó el tiempo del viaje. Llegamos a Jarabacoa pasada la 1:00 P.M. y la lluvia se mantenía. La temperatura era agradable, pero no fría, tal como yo la esperaba. El compadre nos esperaba en la terminal de autobuses desde hacía un rato. Abordamos su Toyota Prado y emprendimos el ascenso de la montaña bordeando inicialmente el río Yaque del Norte.

Bastó llegar a la casa para que la lluvia arreciera y la temperatura comenzara a descender. No nos quedó más remedio que permanecer en la casa. Ya al atardecer los termómetros marcaban una temperatura de 17 ºC, Aún era tolerable para nosotros, acostumbrado yo al frío de la ciudad de México y Víctor David a las heladas de Canadá, sin embargo, fue inevitable que en ambos, la piel de los brazos se tornara como de gallina, a causa del frío.

La dormida estuvo mejor, la temperatura más tolerable por la cubierta de la cama. Llovió toda la noche, sin embargo, al día siguiente amaneció claro.   Después de desayunar descendimos al pueblo. Seguía haciendo frío, pero era soportable, lo que me permitió mantenerme en camisa mangas cortas. Pedí al compadre que me llevara al hospital. Llevaba una encomienda del PLAMEJUR del Colegio Médico. Fui por cumplir, pero no tenía la menor esperanza de encontrar ninguna autoridad del hospital en Viernes Santo, a las 10:30 A.M. Y ¡oh sorpresa!, me quedé boquiabierto. Tanto el Director médico, Dr. Cruz Antón, como la subdirectora, Dra. Mercedes Laura Castillo estaban en sus puestos de trabajo como si se tratara de un día laboral común y no un día festivo. También encontramos al Dr. Octavio Gómez, representante del Colegio Médico, cirujano, que estaba en su puesto de trabajo como cualquier día común.

¡Cuánta dedicación! ¡Cuánta entrega al trabajo! Estoy seguro que en ningún hospital norteamericano encontraríamos en Viernes Santo las autoridades en sus puestos de trabajo, solo a los médicos de servicio. Y pensar que el salario que se paga a un Jefe de un Servicio hospitalario en nuestro país es 40 veces inferior al que recibe cualquier especialista en un hospital norteamericano. Y algo más increíble aún, mientras allá, por Ley, el tope máximo de una demanda contra un médico equivale a RD$10,000,000 (diez millones de pesos), aquí donde los médicos tienen salarios 40 veces inferiores a los de allá, el tope mínimo de una demanda contra un médico triplica al tope máximo de ellos, y las hay, y no pocas, con un monto 15 veces mayor.   Al girar tras el hospital nos encontramos con la estación de bomberos. Muy bien dotada de carros bombas modernos y amplias ambulancias. Luego hicimos una paradita en el mercado. Los pasadizos interiores se veían limpios, al igual que las calles de la ciudad. Los productos eran expendidos de manera atractiva e higiénica. Cuando pensé en las calles de mi San Cristóbal querida y en sus mercados, sobre todo el de Los Molina, que más que un mercado parece un chiquero, me dieron ganas de llorar.

Luego decidimos visitar centros hoteleros turísticos. Era evidente que tenían una muy buena ocupación, pero en todos por turistas internos. Es una verdadera pena que no se haya conseguido que extranjeros en grandes cantidades se internen en el centro del país a conocer y disfrutar nuestras bellezas.   Seguimos hacia el Monasterio Cistercience. Se sentía mucho frío y todas las puertas se veían cerradas. Con todo, nos aproximamos a la iglesia y el compadre giró el llavín y con asombro vio que se abrió la puerta. En su interior estaban dos de los 7 padres que residen allí concentrados en sus rezos y ejercicios de meditación. Nunca he visto con buenos ojos el ingerencismo de los jesuitas, pero tampoco estoy de acuerdo con ese aislamiento radical vivido por los padres cisterciences en su monasterio. Ciertamente, Jesús se retiraba al Monte de los Olivos por las noches y pasaba allí horas orando. Pero tras el amanecer descendía a compartir con sus seguidores y el pueblo.

Ya en la tarde los termómetros marcaban 15ºC y volvió a llover. El celular que se me ocurrió llevar sonó. Importantes asuntos de trabajo requerían mi presencia el domingo a las 9:00 A.M. y el primer autobús sale a las 7:00 A.M. No había forma de regresar en él y llegar a tiempo. No tuvimos más opción que salir el sábado por la tarde y bajo una llovizna tenue, que fue desapareciendo a medida que nos alejábamos de Jarabacoa.   Y aquí ya estamos. Esperando que pase la noche para salir a trabajar.